Vuelo nocturno.

jueves, 20 de junio de 2013

Capítulo 4

  En mi sueño yo era una especie de espíritu errante por una casa que no conocía. No era muy grande y las paredes estaban pintadas a rayas verdes y blancas.
   En el, yo me adentraba a una salita de estar, iluminada tenuemente por un ventanal con las persianas bajadas y luego más tarde a una pequeña cocina.
   Lo primero que me llamó la atención fue los hoyuelos de un trasero de hombre al penetrar a una mujer, luego subí la vista hasta quedarme con una ancha espalda marcada por todas partes, unas manos femeninas de bonitos dedos alargados hincaban sus uñas en la piel dejando rastros largos de color rojizo.
    Y gemían. Los dos. Y yo me sentí caliente solo de escucharlos.
    El hombre ladeó un poco la cabeza y me quedé de piedra.
    Era él, el de los carteles, el chico rubio con sus intensos ojos oscuros de un color parecido al mar.

    Y ella era yo.

  
 No recuerdo bien por qué acabe en la fiesta con los amigos de mi mejor amigo. No quería ir, pero mi amigo junto con los liantes del pueblo entraron buscando guerra en ella.
   Vestía una minúscula falda de cuero oscuro y una especie de camiseta tan ajustada que me recordaba a un corsé de color blanco y unos bajos tacones grises.
    Aburrida de las bravurías que ellos pensaban hacer me alejé y me acerqué a la barra como la última vez y me encontré con nada menos que con Steve. Que parecía no haberse percatado de mi.
    ¿"Mi fiesta·, Steve detrás de la barra?
    Ahora lo entendía todo, Meli me lo dijo en una indirecta: "... te ha salido un bombón de pretendiente." ¡já! Quise pensar.
   Era el misterioso dueño del que todos hablaban y yo era la última en enterarme de que era él.
   Steve me miró al darse cuenta de que estava ahí sonrío con esa preciosa sonrisa que me hacía hiperventilar y me sirvió sin que yo lo pidiera un chupito de tequila, luego se sirvió otro para él. Nos lo bebimos mirándonos uno al otro.
    Y con eso me alejé.



    Era un almacén pequeño y olía dulce, como si hubieran mezclado vainilla y caramelo. Había cajas de cerveza amontonados en un lado y en otro cajas de otro tipo de alcohol. Steve me arrinconó contra una pared, su aliento era dulce olor a tequila. Y sonrió, se acercó lentamente a mi rostro y se inclinó para besarme. Cerré los ojos. Así era más fácil todo. Estaba borracha, ni siquiera sabía cuando le había dicho que sí cuando de repente me encontré ahí.
    Me acarició las curvas de mi cuerpo sin dejar de besarme y luego subió mi falda y me subió sobre unas cajas de cerveza. Las bragas también desaparecieron y noté como él se introducía dentro de mi cuerpo.
    Abrí los ojos y lo miré, y comencé a pensar en si estaría haciendo lo que estaba haciendo si hubiera sido virgen. Si hubiera caído en sus brazos.
    Suspiré y solté un gemido.


    Me monté detrás de mi mejor amigo en su moto y él me dejó cerca de mi casa. Pero yo no tenía ganas de entrar aún, me quité los zapatos y descalza comencé a andar sin rumbo.
    Para mi disgusto se acercaba hacia mi una persona.
    Y para mi alivio, sabía quien era: Ángel, el novio de Meli.
    -Anastasia, ¿qué haces por aquí tan tarde?
    -¿Querrás decir pronto? Son las cuatro de la mañana.-sonreí, Ángel me correspondió con una bonita sonrisa.
   -Claro, seguro que te acabas de levantar.
   -¿Y tú? ¿Qué haces por aquí tan de mañana?
   -No podía dormir. Quería ver las estrellas, ¿quieres que paseemos juntos?
   -Vale.

   Ángel era dulce y atento. No le pasaba desapercibido nada, ningún gesto mío, ninguna palabra.


   -Oye, ¿te recuperaste por lo nuestro?
   -¿Por qué no?-respondí fríamente.-Solo fueron unos meses, además lo tengo a ÉL.
   -Estuviste una temporada que parecías una zombi.
   -Lo sé, pensé que sentías algo por mi.
   -Lo siento, solo jugué con tus sentimientos. Antes no me di cuenta de lo que hacía pensé que no te afectaría tanto como lo hizo.-Me miró.-Solo quería un poco de tonteo.
   -Me di cuenta, no importa ya no soy la de antes. Ya no soy la misma pardilla con la que jugaste.-sonreí con dureza.-No te voy a permitir que juegues más con mi corazón.
   -Lo sé, ya no sonríes como antes.

   Y eso me dolió.



viernes, 14 de junio de 2013

Capitulo 3

    El Lacrimosa de Mozart sonó por quinta vez durante la tarde.
   -Diga.
   -Anastasia, soy yo.-era ÉL y se dirigía a mi con una voz fría.-No me has llamado durante una semana.
   -Lo sé, lo siento.
   -No pasa nada.-ÉL relajó la voz y me dijo con cariño.-Se que estás muy ocupada con tus dibujos.
   -¿Quieres quedar ahora?-pregunté-Mis padres se han ido, estoy sola.
   ÉL colgó sin despedirse. Sabía que en cinco minutos le tendría aquí.
   Cuando le abrí la puerta de casa y subimos a mi dormitorio, me besó con pasión y agarró mis nalgas con fuerza. Gemí. ÉL sonrió y me desnudó con urgencia y acarició todo mi cuerpo.
   -Anastasia...-susurró antes de penetrarme.
   Cuando terminamos, fuimos juntos a la ducha donde ÉL se excitó de nuevo.

  Esa noche fue muy oscura, nadie estaba en casa aún. Mi hermano estaba durmiendo en casa de unos amigos suyos y mis padres llegarían a casa dentro de varias horas.
   Tumbada en la cama, comencé a llorar, y a pensar en ÉL sin sentir apenas un poco de culpabilidad.
 
   Por alguna razón comencé a reflexionar sobre mi virginidad perdida. Me pregunté que estaría haciendo ahora si yo hubiera sido virgen. Quizás no tendría nada que ver, pensé entristecida.
   Quizás perdí mi virginidad demasiado pronto. Quizás debería de haber disfrutado de ella un poco más. De la inocencia, de lo puro... Quizás...

   Por la mañana saludé a Meli que sonreía y me abrazó.
   -¿Mi manzana?
   Me quedé confusa y ella abrió la boca sorprendida. Era la primera vez que olvidaba la acostumbrada fruta para el recreo.
   -Perdona, Meli.-bajé la mirada y tomé asiento al lado de ella.-Creo que tengo la cabeza en otro lado.
   Ella asintió sin dejar de sonreír y me cogió la mano.
   -No importa, Anastasia. No me voy a morir por eso.
   Pero el resto de la mañana hubo un ambiente raro, yo la evitaba y ella comprendió que quería estar sola así que se fue con su chico que la invitó a una pequeña manzana brillante en la cafetería.
   Me senté sola en un banco de madera del pasillo y mordisqueé distraída una bolsa de patatas, pero cuando pasó cinco cuando miré asqueadas las patatas y las tiré al suelo. Me levanté y eché a andar tras la salida del instituto donde había un joven que pegaba un cartel de una fiesta a espaldas mías.
   Me acerqué y leí el cartel, el hombre se hirguió y se dio la vuelta.

   Era él, el de la discoteca.
   Me sacaba varias cabezas, robusto y un penetrantes ojos azules oscuros.
   -Anastasia.-no le pregunté cómo diablos sabía mi nombre, no hacía falta.
   -Perdona si no se tu nombre.
   -Steve.-me mostró una media sonrisa que me hizo casi hiperventilar pero me mostré indiferente.
    -Steve,-repetí.-Oye no quisiera ser mal educada, pero prefiero que queden las cosas claritas, ¿por qué me sonríes como si me conocieras en toda la vida?
    -¿Por qué no me das tú número y hablamos en otro lugar más... íntimo?
   -No le doy mi número a cualquiera.
   -Yo no soy un cualquiera, soy Steve.-sonrió de nuevo y se acercó aun más.-Y prefiero que hablemos en otro momento, aqui hay demasiada gente.
   -¿Te da vergüenza hablar con cría?
   -No me da vergüenza, solo evito habladurías de pueblo. Lo siento es por mi seguridad.
   Bufé.
   -De acuerdo, creído... perdona Steve.-me di la vuelta y... una mano me cogió del brazo.
   -Te veré este sábado en mi fiesta.-sonrió y se alejó con el rollo de carteles.

  

 
   

   
   

viernes, 17 de mayo de 2013

Capitulo 2

   Noche del sábado.

   -¿Vamos entonces a la fiesta de esta noche?
   -¿A los pijitos?-le pregunté a Meli.
   -Supongo.
   Meli siempre respondía con "supongo", nunca  decía  si o claro.
   -Hoy me apetece más ir a Mordor.   
   -Todos estos sábados hemos estado allí. Cambiemos un poquito de ambiente.
   -Pero es que el ambiente que hay allí es de música asquerosamente comercial.
   -Venga Anastasia. Quiero bailar.
   La miré y sonrei.
   -De acuerdo. Pero el sábado que viene a Mordor.
   -Vale.  

   Tras una larga caminata con los tacones altos, llegamos a la discoteca más grande del pueblo. Habría que subrayar que la más grande del pueblo.
   Un cuadrado de siete metros cada lado, paredes moradas oscuras, con una barra bar en un lado y la pista de baile, no era precisamente grande. Pero para ser una discoteca de pueblo estaba bien.
   Ya estaba bastante lleno cuando llegamos. Algunas chicas se acercaron para darnos los típicos dos besos en cada mejilla y a recomendarnos bebidas. Yo sonreí y me acerqué a la barra para pedir un ron cola a un feo y bajito camarero. Este con una sonrisa me sirvió además un chupito de tequila.
   -Invita la casa.
   Sorprendida tome el vasito con el limón y me lo tragué después de haberme dado un elegante lametón de sal. Chupe el jugo del limón y sentí como el ardiente líquido pasaba por mi esófago y llegar a mi estómago.
   -¿Te tomaste el primer chupito de la noche sin mi?-Meli parecía enojada y le expliqué la situación.-Camarero, yo soy más guapa que ella, ¿me sirve gratis un tequila?-Alcé la ceja hacia mi amiga y ella mi guiñó el ojo.
   -El jefe invitó a la chica.-señaló el camarero y se dispuso a secar vasos.
   Meli me miró sorprendida pero rápidamente mudó de expresión y me sonrió.
   -¿Hay algo que deba saber?
   -Nada, Anastasia. Pero te ha salido un bombón de pretendiente.
   Reí divertida de las palabras de mi amiga y le di un pequeño sorbo a mi copa.
  
   El DJ de esa noche pusó los temas que yo aborrecía pero bailé como nadie y la gente nos miraba divertidas cada vez que Meli empezaba a bailar de manera sensual rozando nuestros cuerpos.
   Al final me senté rendida en unos de los pocos taburetes que aun quedaba sin ocupar y me quité los tacones y miré la hora en el teléfono móvil de Meli. Las cuatro y media. Era hora de ir a casa.
   -Meli, Meli...-fui tras ella que andaba dando eses por toda la sala causando risas y quejas de los demás.
   Y en uno de los choques con la gente me di de bruces contra una espalda ancha y con olor a perfume caro.
   -Perdona.-grité.
   Ojos azules oscuros.
   -No importa.
   -Hasta luego.-me fui casi corriendo y agarré la muñeca de Meli y la saqué casi a rastras de la discoteca.

   Ojos azules oscuros.
  
   Desperté de nuevo con dolor de cabeza y me prometí: Más cerveza y menos mezcla de mierda.
   Cogí unas mallas de la mesa y una camiseta de los Rolling Stone y me di una ducha rápida.
   Con el pelo mojado bajé a desayunar donde estaba mi padre preparando el desayuno.
   -Aquí la princesa,-dijo con tono burlón echándole un vistazo al reloj de pared.-Las doce, vaya hora de abrir los ojos jovencita.
   Bla bla bla... Cada día me regañaban más o esa era mi sensación y lo que hacía era dejar mi mente vagar entre pensamientos mientras mis ojos se enfocaban a la frente de mi padre.
   -¿Me escuchaste?
   -No lo volveré a hacer más.-dije como una cantinela que se repetía a menudo.

   Mi familia se componía además de padre, madre, hija mayor y hermano pequeño; de una hermana fantasma.
   Cuando tenía casi un año yo misma ahogué sin darme cuenta a mi hermana melliza.
   Yo había nacido más grande y más pesada que ella, mi melliza era delgaducha apenas si pesaba dos kilos y medio. Al nacer había estado en una incubadora y luego durante los primeros meses vigilada permanentemente por mis padres. Dormiamos la siesta juntas cuando yo le tapé el rostro.  Ella murió lentamente. Mis padres me dijeron que grité cuando mi hermana expiró.
   Casi metí a estos en un lío. La polícia estuvo investigando incluso se me separó de ellos durante un tiempo mientras sospechaban de ellos. Finalmente la policía los dejó en paz y les fui devuelta.

   Solo se que se llamaba Alma.

   Nunca me culparon de ese accidente pero siempre he notado un resentimiento cada vez que ellos han ido a visitarla en el cementerio del pueblo. Tras la visita hay algo en la mirada que me echan que no me gusta nada.
   Pero bueno, mi madre tras un largo periodo de casi cuatro años de depresión quedó felizmente embarazada y después de dar a luz tuvo mucho cuidado de no dejarme acercar al bebé hasta que cumplí seis años y medio. Quizás por eso no me llevo bien con Sam, ya que nunca pude acunarlo y me conoció tarde.

   Esa mañana me dio por pensar en que hariamos Alma y yo si yo no me hubiera movido en aquella siesta de verano.

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Me he fijado que en mis historias siemre mato al mellizo. u.u

lunes, 13 de mayo de 2013

Capitulo 1

   Aquel día me levanté con el sujetador como única prenda que aún conservaba mi cuerpo.

   Tenía un sordo y constante dolor de cabeza, un sabor amargo a vómito y el pelo lo tenía pegajoso.

   Para variar era lunes. Me había pasado toda la tarde del domingo vomitando.
   Me di cuenta de que había tenido mucha suerte de que mis padres y mi hermano estuvieran fuera de viaje.
  
   Recogí del suelo unas braguitas y un sujetador más o menos limpios, sabía que era una pérdida de tiempo buscar en el armario. En una silla encontré una camiseta roja granate y entre las sábanas de la cama unos vaqueros.
   Me encaminé a la ducha, tambaleàndome con la ropa medianamente limpia colgada de mi brazo. La solté en el suelo del cuarto del baño y, aunque llegaba tarde al instituto, me enjaboné por todos lados teniendo mucho en cuenta mi sexo.
   Mi móvil sonó en algún lugar de mi dormitorio con el Lacrimosa de Mozart, pero no hice caso alguno, quería sentirme limpia antes de enfrentarme al mundo.
   Cuando me miré en el espejo, me gustó mi rostro.  Las ojeras de la tarde anterior habían desaparecido y mis labios ya no estaban enrojecidos ni hinchados. Sonreí.

   Tras vestirme, bajé a la cocina para coger varias manzanas y meterlas en mi mochila. Luego salí a la calle y comencé mi camino hacia al instituto.

  A mitad de camino, sentí su mirada. Sentí como recorría mi cuerpo entero y se detenía en mi rostro. ¿Cuántos años tendría? ¿Veinte? La verdad es que era mayor, bastante mayor que yo o ÉL.
   Me mostró una sonrisa media y después se dio la vuelta y se fue.
  Me habia atrapado esos ojos azules oscuros.

   Suspiré, no era el tipo de hombre que me atrayera. Sí, era guapo y tal, hasta sexi. Pero le faltaba ese encanto negativo y oscuro que tenía gran parte de mis exs.
   Con este pensamiento recordé la noche del sábado. Recordé el calor de mi cuerpo solo mirando a mi mejor amigo observar mi escote.
   Luego pensé en ÉL, pero no me sentí culpable. Sonreí satisfecha y continué el camino al insituto.

   No sospeché que la mirada del Desconocido seguía mis pasos.

   Llegaba a cuarta hora, mi compañera de mesa me sonrió con esos preciosos ojos grises y yo la correspondí.
   -¿Qué tal este fin de semana ?
   -Bastante bien.-le respondí.         Meli era una de las chicas más guapas del instituto y por lo tanto tenía un novio expectacular. A mi no me llamaba mucho la atención, una de las razones más importantes era, que era de nuestra edad.
   -Ten,-le di una de las manzanas que llevaba.
   Era mi regalo diario a Meli, le encantaba las manzanas, sobre todo las verdes.
   Ella rió y me dio un pico en los labios.
   -Gracias, Anastasia.
  
  

sábado, 11 de mayo de 2013

Prólogo

   Todo empezó el día que me desperté semidesnuda en la cama.
   Recuerdo que la noche anterior no había quedado con ÉL, por nuestras discusiones. Al final me fui con mi mejor amigo, hicimos el corro de la paz, media pastilla cada uno... Luego manos sudorosas sobre mis tetas y una boca recorría mi cuerpo como si fuera una especie de sandía... Olor a latex, ese olor repugnante que se te mete por la nariz y no se despegaba de tu piel.
   Cuando abrí los ojos, quise olvidarme de ello, quise sentirme mal por ÉL. Pero algo en mi cambió. Ya no era la de antes, antes me hubiera casi matado si lo hubiera engañado.
   Esa noche, entré de lleno en un mundo irreal, de mentiras y planes ocultos, personas imaginarias y de soledad. Esa noche fue cuando mi alma dejó de ser lo que era y se transformó en otra.
   Aquel día fue la primera vez que sonreí con falsedad a todas mis amigas, fue la primera vez que pensé que ellas no se merecían mi presencia y la primera vez que entré en mi casa asqueada por tener una familia como la mía.

   Mi rostro comenzó a embellecer y a convertirse en la máscara de la Mentira.

  Mi cuerpo era la puerta del Paraíso.

 
  Mi alma un secreto intocable.

 
  Mi mente una mierda pegada en la pared.

  Mis ojos, fueron lo que nunca cambió: Auxilio.
 

sábado, 27 de abril de 2013

Por fin

Hola, de nuevo chicas.
Esta vez si que no fui yo, fue alguien que me quitó la cuenta y no podía entrar de ninguna manera.
Para recuperar la cuenta tenía que poner el número de teléfono que había puesto yo hacia tiempo, y yo pensaba que me lo había inventado por eso lo di por perdido e iba comenzar un blog nuevo.
Pero después de mucho probar puse el móvil por poner, de mi novio. Y ala, acerté. Más tarde recordé que puse el de él por si mi móvil se rompía y ya que si se rompe un móvil que se rompa el suyo, no ? jajajajaja
Le debo una :)
Espero que no me hayais olvidado ninguna de vosotras. :)
Un beso.

martes, 18 de diciembre de 2012

Hace frío.


 Últimamente hace frío. Todos los días me levanto con un entumecimiento en los pies y el aire frío corretea por mi rostro. Me levanto sola y desnuda, con los ojos tanteando mi dormitorio para buscar algún tipo de rastro de olor de tu cuerpo.

 

Cuando me doy cuenta de que de nuevo me has utilizado para calmar tus nervios, me siento en la fina colcha vieja de mi dormitorio y lloro porque no me puedas consolar de mi soledad.

 

Me pongo lo primero que veo y pisando el helado suelo de mi piso silencioso, busco el calor. En  una taza de café, en una manta o en mi gato. Pero el calor que quiero es de tus besos, de tu cuerpo, de tu sexo y de tu mirada.

 



Pero a pesar de que me posees todas las noches, me siento vacía, sola y sobre todo fría.





                                          Últimamente hace frío. Abrígame.