Vuelo nocturno.

sábado, 16 de julio de 2011

Risa

   El estridente sonido del timbre al terminar las clases rompió el interminable murmullo de las clases.
   Alma salió del aula, y como una sombra esquivó a todo el que se ponía delante hasta que salió del edificio.
   En vez de elegir el camino para llegar a casa, se dirigió a la calle donde la encaminaría hacia el centro.
   No quería comer en casa.
   Llegó una pizzería pero al ver a Estella y a unas cuantas más comiendo ahí descartó la idea. Se encaminó hacia otro pequeño restaurante que conocía, aunque estaba mucho más lejos.
   Llegó en media hora y estaba hambrienta a la vez que cansada. Escogió cualquier mesa e impaciente esperó a que un camarero la atendiera.
   El camarero, un señor delgado llamado Tomás, se acercó con una sonrisa amable aunque sus comisuras resbalaron un poco al ver el gesto agrio de su clienta.
   -Hola, ¿qué tal estás Alma?
   -¿A tí que más te da? Sírveme un plato de lomo y patatas, cocacola, gracias.-y miró hacia la ventana como si el camarero ya no estuviera allí.
    Este se quedó bocabierto, pero no por mucho tiempo, ya estaba acostumbrado al eterno malhumor de la chica y se preguntaba que habría pasado para que una chica, antaño sonriente se convirtiera en menos que una sombra.
    Las vecinas más cotorras decían que era debido a la muerte prematura de hermana, otras porque tuvo novio y la dejó, otra que si sus padres la maltrataban... cosas así.
     En cinco minutos tuvo el plato delante y en diez segundos lo engulló todo, dejó el dinero en la mesa y salió al exterior. Respiró hondo.
    No tenía muchas ganas de llegar a casa, así que se dirigió hacia las calles más lúgubres de la ciudad: el cementerio.
    Lo visitaba muy a menudo, cuando no tenía nada que hacer o simplemente porque le gustaba estar allí.
    El cementerio estaba como siempre, fue lo que pensó Alma al llegar. Gris y marrón. Entró y se dirigió hacia la tumba de Esperanza.
    Como todas las veces, se tumbó al lado y cerró los ojos. Pronto empezó a recordar su carcajada y el suave roce de su mano contra su pelo. Sonrió, era una sonrisa bonita, la exponía tan poco... Un recuerdo flotó sobre su mente.
     Una semana después de la muerte de Esperanza, Alma se encuentra sentada en el suelo del salón, sus mejillas están mojadas y sus ojos parecen cauces de ríos interminables. Su madre y su hermano están sentados juntos en el salón, nadie dice nada... solo silencio.
      La pequeña cree que oye la ligera carcajada de su hermana perdida, se levanta esperanzada y cierra los ojos para concentrarse. Unos arbustos se agitan ahí, afuera en su jardín, abre los ojos sorprendida.
      -¡Esperanza!-grita y sonríe.-Intenta abrir la ventana. Su madre la mira desconcertada y Seymus mira al suelo.-Esperanza, esta ahí mamá. Voy a verla.
      -Tu no te vas a ningún sitio.-repuso la madre.
      -Quiero ver a mi hermana.-miró seriamente e intentó escabullirse por puerta. Su hermano es más rápido y la sujeta con fuerza. Alma grita y empieza a agitarse para que la suelten, era su hermana, tenía que verla asegurarse que no estaba muerta, que volvería a jugar con ella y a acariciar su pelo como lo hacía ella.
       -¡Esperanza, no existe!-bramó Seymus mientras la sujetaba.-¡LA MATASTE TÚ! ¿NO LO RECUERDAS?
       -Seymus, ¡No!-dijo la madre.
       -¿Y qué si es verdad?-dijo furioso.
       -Esperanza esta ahí existe, oí su risa.-repuso furiosa Alma. Un puñetazo la derribó al suelo. Lagrimones calleron de los ojos de Alma.
       -No existe, ¿de acuerdo?-dijo aparentemente con calma y subió a su dormitorio.

       Abrió los ojos, y descubrió maravillada que un par de lágrimas caían de su mejilla, hacía mucho que no lloraba...
       La había escuchado, con tanta claridad, esa carcajada alegre que hacia que las flores lucieran más hermosas, que los nubarrones no existieran para Alma, que untaba con aceite sus alas oxidadas...

1 comentario:

  1. oye que triste, no se porque lo triste nos parece lindo pero asi me lo parecio a mi.
    este hermano de alma es una cuchitura, alguien deberia de devolver lo que le hace a esta pobre niña

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