Vuelo nocturno.

martes, 19 de julio de 2011

Ángel

     Fin de semana, dos días libres o casi. Alma abre la agenda por primera vez en varios meses. Pasa las hojas, todas están en blanco, suspira y lo cierra. No tiene ni idea de los deberes, ni de los exámenes. Ahora se da cuenta de cuanto ha pasado del curso.
      Suspira resignada. Pero se promete que a partir de la tarde empezará a ponerse al día.
       Se levanta de la cama y tira la agenda a la otra punta de su habitación. Baja a la cocina donde se encuentra una nota:
       Hemos ido con Seymus a la universidad. Volveremos tarde. Tienes 
       comida en la nevera. Adiós.
     Como siempre arruga el papel y lo tira al suelo.

     Vestida con un corto vestido negro, y unas medias de rejilla oscuras. Su largo cabello negro está recogido en una alta coleta. Sus ojos grises están enmarcados con rímel, sale a la calle. Anda hasta el parque donde se sienta en su banco.
     Se ha traído el mp3, de nuevo escucha esa canción, nuestra canción piensa, cierra los ojos, y se transporta a otro mundo.
     -Para siempre.-susurra una voz.
     -...Para siempre...
     Abre los ojos y se da cuenta de que ha soñado. Su voz, su rostro y su espeso pelo rojizo.
     Se levanta y echa a andar sin ninguna meta, contemplando el juego de los niños, la soñadora sonrisa de una mujer enamorada, un ceño fruncido de un viejo al ver la factura...
      Alguien le tapa los ojos, sabe quien es.
      -Quita tus manos de encima.-ordena.
      -¡Qué mal genio tienes, hija!-se queja Ángel. Alma se da la vuelta para encontrarse cara a cara con él.-¿Te apetece andar un ratito conmigo?-pregunta un poco tímido.
       Es guapo, ni muy ni poco, simplemente guapo. Su pelo negro corto y lleva una camiseta negra y sus pantalones son verde militar.
        La chica asiente muy seria, pero la verdad es que es feliz, tiene a Ángel a su lado, es lo único que pediría en aquellos momentos. Se quita los auriculares del oído, él se fija en el gesto.
         -Te gusta la canción, ¿eh?
         -Es... bonita.-sin caer en la tentación de decir, que es hermosa, que es la canción que abrió su corazón, que es la melodía que la hace sonreír. Se lo calla por orgullo.
       Ángel, sonríe.
        -¿Qué vas a hacer esta tarde?-preguntó como si nada.
        -Lo que quiera.      
        -¿Qué vas a hacer en serio?
       -Bueno,-suspiró resignada.-estudiar para los exámenes finales.
       -Pero si solo quedan dos semanas y son mas de cuatro asignaturas.
       -¿Tienes mejor plan para que pueda pasar de curso?-arqueó la ceja.
       -Bueno si no te parece mal, me paso por la tarde a tu casa y si quieres te puedo impartirte clases. ¿Qué me dices?
       -Pues...-pensó con rapidez. Quería y a la vez no quería. ¿Qué hago? pensó.-Bueno... de acuerdo. ¿Te vienes a merendar entonces?
       -Perfecto.-aceptó con una gran sonrisa, le dio un rápido beso en la mejilla y se alejó corriendo, pero cuando ya estaba a punto de perderse gritó:
       -¿En qué calle vives?-Alma tardó en reacionar.
       -Calle José Sanchéz, número seis.-después, sin sinquiera una despedida se dio la vuelta y echó a andar hacia su casa.

       El timbre sobresalta a Alma. Se ha cambiado, ahora viste unas cómodas mallas grises y una sudadera negra.
       Abre la puerta para encontrarse con Ángel, sus ojos oscuros la contemplan de arriba abajo.
       -¿Qué?-pregunta bruscamente, sintiéndose desnuda.
       -Te sienta genial, las mallas.
       -Ya...anda entra.-ledejó el paso y lo condujo a la mesa de la cocina. En ella había crujientes galletas con motas de chocolate, zumo y varios dulces hechos por la misma Alma.
       -¿Todo esto?-miró con los ojos como platos a su compañera.
       -Bueno, lo que te quepa.-no sonrió simplemente se sentó y escogió un dulce y se lo metió en la boca.

       -...¿Entiendes? Por eso en la época barroca...
       -Sí eso si lo entendí.
      -Bueno creo que es la hora de irme, mira son las diez y le dije a mi madre que volvería antes de las nueve y  media.-Ángel se levantó y recogió sus cosas. Estaban sentados en el largo escritorio de Alma. Ella miró al chico, y luego a su trabajo, se dio cuenta de que habían adelantado bastante. Con suerte, en dos semanas tendría la mayoría de las asignaturas estudiadas. Suspiró satisfecha.
       -Oye...-Ángel se acercó a Alma, lentamente y le susurró.-Eres rara, ¿sabes?
       -¿Y qué?-replicó molesta.-¿Acaso prefieres a una chica que solo piensa en qué ponerse el sábado y si su lista de tíos es más larga o no?
       -¡No te he insultado!-rió Ángel sorprendido por la brusquedad de su amiga.-¡Me encanta estar contigo porque eres distinta!-sonrió sincero.-¿Amigos?-le tendió una mano.
       -¿Amigos?-susurró, como si le costara tendió su mano lentamente y cuando lo hizo no fue un apreón de manos lo que le esperaba, Ángel la tiró hacia arriba y la abrazó.
       Se quedaron así durante un momento.
       Un momento que Alma nuna olvidaría.
       Se emborrachó del olor de un ángel

  
       
        
  

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