Vuelo nocturno.

sábado, 22 de octubre de 2011

Soledad de una gran casa.

    -Hola Ángel-saludó Anie, a continuación se sentó en el asiento que acababa de dejar libre Alma.¿Qué tal?
   -Ah, hola Anie.-dijo distraído el chico.-¿Qué haces aquí?
   -Mis padres y el padre de Alma son compañeros de trabajo.-sonrió.-¿Piensas qué me he colado o algo así?-preguntó maliciosa.
   -Algo así, estás muy guapa.
   -Gracias.-sonrió de nuevo. Vestía con un vestido negro, con escote, su cabellera clara estaba recogida en un moño y un gracioso mechón rizado adornaba un lado de su cara.-Te sienta bien el traje... Por cierto, ¿tú y Alma  no erais inseparables?
    -Ya no. Parece que Alma se ha tomado un tiempo.
    -Que pena, con la buena pareja que haciais...
    -No digas eso, sabes tan bien como yo, que te alegras porque ella me haya dejado.-sonrió con tristeza.-¿Te apetece bailar?
    -Okey.-sonrió.

   -Bueno recordarás mi casa, ¿no?-preguntó Estella cuando llegaron a su casa.
   -Sí... pero no tengo muy buenos recuerdos de ella.-la gran casa apenas había cambiado, el jardín estaba repleto de rosales y entre unas elegantes columnas romanas estaba la gran puerta donde se entraba en el hogar de Estella.
    -Me lo imagino.-sacó la llave de su bolsillo e hizo un ademán de abrir.-Mis padres están de viajes. Como una segunda luna de miel. En verdad salen muy a menudo.
    -¿Qué hacias delante de la casa de mi padre?
    -Nada acompañaba a Anie, que llegaba tarde a la fiesta, sus padres son amigos de tu padre.
    -Ya veo.-Estella guió a su nueva amiga por las escaleras de caracol de mármol blanco.
    -Este es mi cuarto.-dijo al abrir una puerta de madera.
    Era una amplia estancia de color rosa pastel con varios ventanales cubiertos de cortinas de color un poco más oscuro que la pared, una pequeña estantería yacía en un rincón oscuro y algo olvidado; Alma al acercarse más al mueble, descubrió que había una ordenada colección de muñecas de porcelana. Sin embargo se podían ver los grandes espejos enmarcados de oro que colgaban de las paredes, parecía una gran habitación de ballet, y en efecto, varios barrotes estaban enganchados en uno de los espejos y delante de otro, varios maniquíes vestían con varios tutús y trajes de ballet. Una cama se apoyaba en una de las partes de la cama en el que no había espejos, estaba lleno de peluches que sonreían tristemente. Un pequeño escritorio rosa se mantenía milagrosamente en el suelo pues, en su superficie, se colocaba una gran máquina de coser.
    -Que grande.-era impresionante.
    -¿Te patece que cenemos un par de pizzas?

2 comentarios:

  1. Angel, no opino que te ubiera quedado llorando por tu error, peor chico al menos.. uff no se la verdad ._. me parece tan extraño eso de esa chica :s

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  2. La habitación, aunque sea todo muy cálido y rosado, me parece la más siniestra de todas. Odio las muñecas de porcelana, dan miedo. No se si yo, en la posición de Alma, me atrevería a confiar en ella.
    Y bueno Ángel... le ha faltado tiempo para sacar a otra a bailar. Podría guardar algo más de luto por lo menos. Pero aun así me parece que todo avanza de manera interesante. Los capítulos son cortos, pero me gustan mucho :)

    Un beso muy grande

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