Vuelo nocturno.

lunes, 31 de octubre de 2011

Una disculpa y un perdón

    Lune abrió los ojos cuando ya era de noche cerrada en un cuarto desconocido. Las paredes eran blancas y sin ningun adorno en ellas.
     Estaba tumbada en una cama y cubierta por sábanas blancas. Su cabeza reposaba en una cómoda almohada. A su lado había una mesilla con un jarrón azul pálido con varios girasoles en su interior. En el otro lado, en un sillón gris, su marido dormía, sus manos yacían en su barriga y tenía grandes ojeras debajo de sus ojos. Sonrió con ternura.
    
     Entonces se tocó la barriga, estaba algo hinchada pero no tanto como antes, entonces se asustó. Alzó el brazo para sacudir a su marido pero algo punzante y doloroso se lo impidió. Estaba conectada a una bolsa de líquido transparente.
     Suspiró.
     -Jacinto, cariño. Despierta, por favor.-Este se sobresaltó ante la voz alarmada de la mujer.-¿Y nuestra niña? ¿Dónde está Estrella?
     -¿Estrella? ¿Pero no iba a ser Flora?
     -No, mi amor. Nuestra niña apareció como una estrella fugaz sobre mi barriga, por eso, es... nuestra Estrella.-sonrió.-¿Dónde está?
     -Ahora mismo está en observaciones.-tranquilizó Jacinto a su mujer a la vez que asimilaba la información que le había dado Lune.-Nació demasiado pronto, y tan de repente, como una estrella fugaz...-sonrió cariñosamente a su mujer.-Y no está del todo desarrollada sin embargo si puede respirar correctamente, los médicos dicen que pueden dejarte varias horas cada día, para que se vaya desarrollando cerca del latido de tu corazón. Por cierto,-añadió mirando el reloj de muñeca.-Los enfermeros deberían de estar ya aquí.
    -Buenas noches, a todos.-saludó entonces una voz juvenil.
    Era una enfermera, menuda, guapa, de grandes ojos verdiazules, pelo oscuro y una gran sonrisa en el rostro.
    -¿Qué tal está la joven mamá?-preguntó con voz profesional que no ocultaba del todo lo joven que era.
    -Perfectamente, aunque quisiera ver a mi hija.
    -Por supuesto que sí, los enfermeros están viniendo ya por aquí con la...
    -Buenas noches.-saludó uno de los enfermeros que estaba entrando con una incubadora.
    En su interior un frágil y pequeño bebé dormía cubierto solamente con un pequeño pañal. Su boca estaba cubierta por un tubo y su manita se agitaba de vez en cuando.
    -En fin... ¿Te duele los puntos? Tuvimos que hacerte un corte.
    -¿De verdad? Pero no lo siento.
    -Eso es porque estás todavía en los efectos de los calmantes que te hemos añadido en el suero. Pero creo que lo notarás dentro unos minutos pero por ahora.-se giró hacia los enfermeros que esperaban expectantes.-Abriz la incubadora, vamos a probar la teoría del doctor.
     -Ahora mismo.-uno delos enfermeros se concentró en los botones que tenía a un lado del aparato y el otro abrió la caja transparente, desconectando antes el sistema con el que el bebé repiraba.
     El bebé se agitó entonces y empezó a boquear pero pronto se acostumbró. Empezó a respirar con esfuerzo y cerró la boca. El enfermero que la sostenía se la ofreció a la madre que esperaba impaciente. Lune la recogió y la acercó a su pecho.
      La madre sonrió y en un instinto, la besó suavemente en la cabeza.
      -Estrella, que bonita eres.-susurró, y una lágrima fruto de la alegría cayó por su mejilla.-Los enfermeros salieron de la habitación blanca para dejar un poco de intimidad. Antes la asistente dijo:
      Estoy por aquí, llamadme si hay algún problema. Me llamo Lola y... dentro de unos minutos llegará el doctor.
      Lola cerró la puerta con cuidado.
      -Es tan hermosa.-dijo Lune que no dejaba de mirar a su hija. No tenía mucho pelo, pero lo que tenía era pálido.-Nunca pensé en tener hijos, pero nunca me arrepentiré en haber tenido a Estrella. ¿La quieres cojer?-dijo entonces Lune a su marido.
      -Tengo miedo a hacerle daño.
      -No seas tonto, mi amor.-regañó.-cógela. Estrella, mi vida, este es tu papá.-Entregó la niña al regazo de su padre. Por unos instantes Estrella se agitó por el frío, pero al llegar al regazo de su padre se tranquilizó.

     Ángel intentaba concentrarse en la explicación del profesor de historia que desgraciadamente hablaba en inglés y tenía que prestar el doble de atención que de un maestro español, para poder entender algo.
     A su lado estaba su única amiga en ese estricto colegio, se llamaba Catalie. Tenía algo en su rostro que le resultaba familiar pero no sabía de qué. Era bastante guapa, rubia y grandes ojos verdes. Era algo tímida, y siempre sonreía.
    El chico suspiró, y trató de copiar los apuntes que su compañera escribía rápidamente. Se podría decir que era una de las alumnas más listas de ese anticuado internado.
     Sin querer se fijó más en el cuerpo de la chica que de los papeles escritos. , suspiró Ángel, el uniforme le queda genial. Como todas las chicas, Catalie se había recortado un poco el bajo de la falda para que fuera más corto, y su pecho se hacia notar en la chaqueta de bordes verdes de la institución...
    -Ángel, What do you doing?-preguntó el profesor de historia mirando atentamente a su nuevo alumno.
    -Sorry, teacher. I was coping class notes.-avergonzado detectó algunas risas burlonas y la sorprendida mirada de Catalie.
    -Pay attention to class, please.
    -Yes, teacher.
    De nuevo comenzó a explicar y las miradas despectivas de sus compañeros se desviaron hacia la pizarra. El nuevo alumno suspiró.
  
    -¿Qué te ha ocurrido?-misteriosamente Catalie sabía hablar en español aunque tenía un poco de acento inglés pero era un alivio poder hablar con alguien en su mismo idioma.
    -Me despisté, lo siento.-estaban en los grandes jardines que rodeaban el internado. Eran dolorosamente verdes con algunos rosales desperdigados y mal cuidados.
     -No pasa nada. Se que te gusto.-sonrió tímidamente.
     -¿Cómo?
     -Dame tu mano.-Catalie agarró la mano del chico y la posó en el muslo. Ángel tragó saliva y empezó a enrojecer.-¿Qué tal más arriba?-ella obligó a la mano de Ángel a ascender por debajo de la falda. Catalie sonrió. De improviso se levantó.-Vamos, nos toca ciencias.
     La mano del chico bajó flácida hacia su propio cuerpo.

     Durante varios semanas en observación al fin, los médicos dieron de alta a la frágil pequeña de Lune, quien con una sonrisa se la presentó a toda la familia de su marido.
     Alma disimulaba bastante pero parecía encariñarse con el bebé. Podía pasarse toda una hora sosteniendo a la niña, cuando esta dormía, mirándola. Lune se la dejaba para que la sustituyera cuando tenía que preparar la comida, o comprar algo para el bebé.
     Lune sabía que Estrella le hacía recordar a Gabriel, su hijo muerto aunque nunca lo había tenido en brazos, sabía que se lo imaginaba.
     La oscura chica, ya no parecía tenerle tanto odio, pero todavía desconocía porque la había odiado tanto, pero lo dejó pasar.
     En varias semanas, con ayuda de medicamentos, los pulmones de Estrella cogieron fuerza y respiraba con vitalidad. Las pequeñas manos del bebé ya apretaba con vigor los dedos de su madre.
    
     -Cariño, ¿te apetece qué vayamos a comprar ropa?-preguntó un buen día Lune.
     -No tengo muchas ganas de salir...
     -Venga, si invito yo. ¿Qué tienes qué perder? No sales de estas cuatro paredes, a no ser que sea para ir al instituto, y solamente te visita de vez en cuando Estella. ¡Vamos!-tras un minuto en silencio, Alma asintió.

      Dejaron a Estrella al cuidado de su madrastra porque Lune, temía por el frío de la calle que podría constipar a la pequeña. Así que, con la bufanda bien apretada al cuello las dos salieron de la casa.
      Lune arrastró a la chica por todas las tiendas. Compró vaqueros y jerseys del gusto de Alma. También camisas, chaquetas...
       -¿Te apetece que tomemos algo en alguna cafetería?-preguntó cuando habían visitado más de diez tiendas.
       -De acuerdo.-con varias bolsas apretadas contra sí, entraron en una cálida cafetería en donde se sentaron lo más lejos posible de la puerta que se abría y cerraba constantemente. Dejaron la ropa comprada sobre la silla que sobraba y pidieron varios cafés y una bandeja de galletas.
      -Alma.-llamó.-Quería preguntarte sobre... por qué estuvimos varios meses sin hablarnos y esas miradas que me echabas.-la chica bajó el rostro.-Por favor, explícate.
      -Lune...-murmuró ella.-Sé lo de Odei...
      -¿Qué sabes?-preguntó Lune, un poco alarmada. ¿Sabía lo del aborto? ¿Lo de las pastillas?
      -Que Estrella puede ser de Odei.-entonces fue cuando Alma miró fijamente a Lune, que intentó desviar la mirada, apartó el pelo rubio con nerviosismo.
      -¿Quién te lo dijo?
      -Lo descubrí yo sola, en la fiesta. Os descubrí besandoos.-Dios mío, ¿Y ahora qué?
      -Lo siento Alma, pero mi corazón está dividido, mi mente también.-susurró Lune.-Yo... creo que amo a dos personas, Alma. No quiero hacerle daño a tu padre... a mi marido. Lo quiero. No sé que me pasa, Alma.-se miró las manos.-Una parte de mi mente dice que es imposible amar a dos personas, pero por otra me dice ¿Por qué no? ¿Me entiendes cariño?
      -Sí, ¿estás confusa verdad?-por primera vez un atisbo de cariño se mezcló en su seca voz.
      -Un poco, sí.-Alma abrazó a Lune, esta sorprendida sonrió.
      -Tu secreto esta a salvo conmigo, pero no deberías de ver más a Odei, ya sabes que es muy liante.
      -Lo sé cielo, y gracias.-un par de lágrimas cayeron de sus ojos.

       Odei miraba los tarritos de sangre con inquietud. Cambió de posición y se tapó mejor con el abrigo.
       Estaba en la comisaría, estaba dispuesto a saber el misterio del padre de Estrella. Quería saberlo. De nuevo echó otro vistazo a los pequeños tubos de sangre, uno de ellos lo había robado del hospital. El otro era su propia sangre.
       -¿Puedo ayudarle?-una voz grave lo sobresaltó. Era un policía.
       -No... esto sí-enseñó la sangre.-Quisiera que hicieran una prueba de ADN. Por favor.
       Lune no quería saber nada de eso según ella: Es mi hija, simplemente la quiero, independiente de quien sea el padre.
       -Claro.-cogió los tubos,-Pásese dentro de un par de semanas.
       -Gracias, señor.-y salió precipitadamente de la comisaría.
       Cuando el joven hombre había desaparecido de la sala, el policía sonrió apenado.
       -Otro que le preocupa las raíces de un pobre niño. Simplemente se ama y punto, ¿e tan difícil para las personas?
       -¿Cómo dices papi?-una niño pequeño de piel morena y ojos oscuros entró por la puerta del despacho con un gorro de policía que le cubría la cara, se abrazó contra la pierna del adulto. Su padre lo recogió del suelo y le dio un beso en la frente.
       -Que te quiero.


      
     
     
   

2 comentarios:

  1. Oy! El final precioso madre de dios!! xDD
    Cuelga pronto por favor !! haha
    Muchos besos guapa :D

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  2. Concuedo con Gemma el finaaal me parecio muy tierno :3 pero lo demas.. fenomenal, por finiin un largo capitulo :B jejejjeje y Angel... Alma merece a alguien mejor, el no la merece


    besos

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