Vuelo nocturno.

domingo, 30 de octubre de 2011

Una mirada odiosa.

   Alma se levantó apresuradamente de la cama de Ángel, y recogió rápidamente su ropa.
   -¿Ya te vas?-preguntó el chico que estaba tumbado de lado en la cama cubierto con una fina sábana.
   -Así es... Voy a casa...
   -De acuerdo.-La chica  no soportaba la nueva actitud del chico, distante, frío y algo del antiguo carácter de Odei que no le gustaba a Alma, la descarada sonrisa que mostraba.
   Terminó por ponerse el pantalón y salió del cuarto con un gesto de despedida.

   -¿De verdad no quieres que vayamos al hospital?-preguntó por enésima vez Jacinto desde la cama. Su mujer había vomitado varias veces y tenía una leve fiebre.
   -No te preocupes, mi amor. Es la resaca.
   -La próxima vez solo beberás vino y aguado.-dijo burlón. Rieron y Jacinto abrazó a Lune cuando esta se metió de nuevo en la cama, compartieron un beso largo.-Tengo que irme dentro de media hora.-dijo echándole un vistazo a su reloj de muñeca.
   -Pues empieza a ducharte, es tu primer día como jefe de la empresa, cariño.-sonrió Lune deshaciéndose de los brazos de su esposo.-Creo que me tomaré una taza de café.-añadió mientras se incorporaba de la cama y se ponía una de sus batas de color pastel.
   -Claro.-Jacinto se sentó en la cama para estirarse como un gato bien alimentado.

    -Me voy.-se despidió Jacinto desde la puerta. Lune andó rápidamente para darle un beso en la mejilla a su marido y curvó los labios hasta mostrar sus dientes perfectos.-Te quiero, hermosa.-piropeó.
    -Y yo, jefe de empresa.-bromeó. Cerró la puerta y reanudó su desayuno a medias.
    El salón estaba cambiado pues los camareros de ayer se aseguraron de dejarlo limpio antes de marcharse, además de dejar los muebles como estaba, varios sofás de cuero claro rodeaban una cálida chimenea de ladrillos rojizos. Varios cuadros de agradables paisajes colgaban de las paredes y las columnas que sostenían el alto techo era elegantes. Parecía un templo romano, es tan agradable... pensó Lune suspirando. Se hundió en uno de los sofás y cerró los ojos algo cansada. Algo muy raro...

    -¿Todavía así?-preguntó su madre cuando llegó a su casa. Alma echó un vistazo a su vestimenta, unos pantalones chándal y una camiseta de tirantes todo prestado por Estella. Te lo puedes quedar yo ya tengo todo eso repetido. había dicho la chica. En una bolsa de tela llevaba el vestido que había diseñado Lune algo arrugado.-Anda, vístete que nos vamos a comer a casa de tu padre en cuanto llegue Seymus.
    -¿Seymus?-murmuró Alma. Su madre no hizo ni caso y comenzó a rebuscar en su bolso. Alma subió por las escaleras a su habitación, allí abrió el armario y miró el contenido. Al final escogió unos vaqueros oscuros y una camisa gris. Se puso una tira negra en el cuello y recogió su largo pelo en una alta coleta. En el cuarto de baño limpió su rostro de los restos de maquillaje de la noche pasada e intentó sonreír, consiguió una desagradable mueca. Suspiró y bajó al salón.
    En el momento en que pisaba el suelo del salón, el timbre vibró por la sala.
    -Parece que a llegado.-dijo su madre. Y así era, Seymus parecía más delgado aunque como siempre, iba bien vestido y la mirada malévola de él se dirigió hacia su hermana pequeña.
    -Hola, madre.-saludó fríamente el chico, sin apartar la mirada de Alma cuando su madre le dio un beso en la mejilla.
    -¿Estás preparado?
    -Claro, madre.-siseó. Sonrió.-Hermanita, me enteré que tu bebé murió, enhorabuena.-sonrió mucho más cuando Alma hizo una mueca de dolor y apretó su barriga.-¿Descubriste el papá?-rió de gusto.
    -¿Podrías callarte, Sey?-regañó la madre de los dos hermanos.-Le afectó mucho.-añadió susurrando.-Bueno, ¿nos vamos?
    Alma asintió débilmente y siguió a su hermano y a su madre al entrar en el coche.

   -Una cosa más, Lune.-dijo Jacinto cuando llamó desde el trabajo a su mujer para saber como estaba.-Mis hijos y su madre van a comer en casa, así que entreteneros con los temtempiés mientras que llego, ¿de acuerdo?
   -Me lo tendrías que haber dicho antes, ¿cuando vienen más o menos?-preguntó la mujer rubia mientras que abría el armario y sacaba ropa.
   -Bueno, en teoría ahora.-dijo-Ya sabes que soy muy despistado.-rió nervioso.
   -No pasa nada, cariño.-tranquilizó Lune.-Entonces te dejo, me visto y prepara las cosas de acuerdo. Chao, mi amor.
   -Adiós.
   Lune se enfundó unos pantalones claros, cortos y una camiseta rosa bebé, su color favorito. Se peinó su cabello rubio y se lo apartó con una diadema del mismo color que la camiseta.
    Bajó al comedor y puso varios platitos con trozos de chorizo, aceitunas y otras alimentos. Puso cubiertos para cinco personas y encendió una vela en medio de la mesa. Sonrió satisfecha, pero duró poco pues tuvo que ir rápidamente al lavabo para vomitar.
   -Vaya.-se cepilló los dientes rápidamente y salió del baño.
   Pasados varios minutos el timbre sonó y Lune dejó pasar a la familia de su marido. Sonrió a Alma sin embargo, una mueca de desprecio fue toda la respuesta.
   -Hola, y gracias por invitarnos a comer en tu casa, después de tanto alboroto ayer por la noche. Por cierto estuvo muy bien.-dijo la ex mujer de Jacinto a la vez que besaba en las dos mejillas a Lune.-Seymus, ¿vas a saludar a esta buena mujer?
    -Claro.-esbozó una sonrisa más o menos cálida y besó como hizo su madre, en las mejillas de su anfitriona.-Espero que no molestemos mucho.
    -¡Tonterías, cielo!-sonrió, luego se dirigió a Alma.-Hola, cariño. ¿Qué tal estás? Ayer bailaste mucho.
    -Sí.-fue su seca respuesta y desvió la mirada.
    ¿Pero que le hecho a Alma? pensó tristemente Lune. ¿Se habrán reído del vestido? Pero si era el mejor de ayer... ¿Qué habré hecho, demonios?
    Mientras,  tomaban algo a la vez que esperaban al marido de Lune. Este llegó pasados varios minutos algo exhausto sin embargo con una gran sonrisa en el rostro.
    -¿Qué tal la Universidad, Sey?
    -Pues no me está costando mucho la verdad.
    -Eso está muy bien.-se sentó en la silla libre que quedaba y besó en las mejillas de su antigua mujer.-¿Qué tal, Ros?
    -Muy bien.-Lune sirvió la comida, y empezaron a comer animadamente, bueno menos Alma que comía silenciosamente y sin prestar atención a la conversación.
   -Alma, ¡Alma!-la llamó Lune. Alma, con un gruñido alzó la mirada del plato.
   -¿Si?
   -Estábamos hablando sobre si irás a la Universidad o no.
   -Supongo...-fue su vaga respuesta.
   -¿Y en qué materias?-preguntó su padre mientras se limpiaba la boca con la servilleta.
   -Ni idea, cualquier cosa.
   -No la hagáis ni caso, simplemente no quiere estudiar.-dijo Seymus. 
   -Esperemos que no sea así.-dijo la madre. Siguieron conversando de otros temas, sin embargo Lune no apartó la vista de la taciturna chica. Esta le dirigió una mirada.
    Lune solo vio una cosa en ella: Odio.
   

2 comentarios:

  1. no es para menos la verdad... Y LuNE NI LO SOSPECHA :/ pobre Alma y ese hermanoto que tiene... es odioso y solo inspira odio, no se porque tanto odio hacia ella.. porque tanto??

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  2. Dios mío qué penita me da Alma:(
    Un buen capítulo como siempre!!
    Muchos besos guapa!

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