Vuelo nocturno.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Capítulo 8

  Viola. 
  Me desnudé para observar mi cuerpo reflejado en el espejo.
  Sonreí, de nuevo tenía mi cuerpo de antes.
  Acaricié mi tersa barriga, los erguidas y pequeños pechos, mis hombros finos y mi largo cabello.
  Mis ojos.
  Era lo único que nunca cambiaba. Eran feos y anormales.
  Quise llorar en ese momento.
  Pero me mantuve fría y recogí uno de los antifaces que había dentro del baúl sin prestar atención al color ni la forma. Solo quería ocultar mis miembros anormales.
  Llamé a la criada para que me vistiera y luego me teñí los labios de color grana.

Angelo.
  Mi vida se había descompuesto en esos tres meses.
  Mi amor por Viola era desesperado, era yo quien me arrastraba para, al menos, que ella me dedicase una sola mirada, una palabra, algo menos su fría persona.
   Calista, tras esos largos tres meses, era una regordeta bebé que reía al tocarle la nariz y que mamaba con avidez. Apenas sabía que tenía una madre, su madre era la que le daba de comer.
  Cada vez Viola apenas salía de su dormitorio. Por las mañanas se vestía lentamente, luego se pintaba los labios bajaba a desayunar y luego subía de nuevo al dormitorio. Nunca bajaba a tomar el té ni a cenar.

  Suspiré arrullando a mi niña. Era preciosa. Sonreí.

Viola.
  Esos tres meses habían pasado sin novedad. Sin que Angelo me hablase, sin Calista dando la lata.
  Con mi primo a todas horas.

Angelo. 
 Observé a Viola mientras que se servía una taza de té.
  -¿Cuando piensas hacerle caso a alguien de tu familia?
  Viola hizo caso omiso y siguió bebiendo.
  -Calista te echa de menos, y yo también.
  -Tu hija no me echa de menos, apenas sabe que tiene una madre.
  -¿Tu hija? También es tuya por el amor de Dios. Tu la llevaste en tu cuerpo.
  -No digo que no, pero ella estuvo a punto de echar a perder lo único que amo en esta vida. Mi belleza.
  -Eres cruel.
  -¿Preferirías que mintiera? ¿Qué arrullara a todas horas a ese bebé aunque no sintiera ningún aprecio hacia ella? No te basta que halla nacido normal, sino que encima tengo que cargar de ella. Tu tienes la misma culpa por haberla engendrado. ¡Yo no quería tener hijos!
  -¿Y qué querías hacer en tu vida, pues?-dejé al bebé en brazos de una criada.-¿Esconderte tras tu máscara de carnaval mientras que empiezas a envejecer? O quizás, ¿amargarte toda tu vida porque no eres perfecta?
¡Nadie es perfecto! Ni siquiera tú. Pero no por tus ojos sino por lo que eres. Eres repugnante. No sé como he podido enamorarme de ti y menos casarme contigo. Eres odiosa.
  -Me da igual de lo que me acuses. Tus palabras no me afectan.
  -¿Entonces qué palabras te afectan? ¿Las del señor Bruce, quizás? ¿Qué tenéis entre manos? ¿Qué tiene él que no tenga yo, Viola?
  -Él me entiende. Él me consuela.
  -Tú no me dejas que te consuele, ni dejas que yo te entienda. Ni que te ame más. No me dejas acercarme más a ti. Pensé que después de casarnos, de demostrarte que te amo, de hacer cosas juntos y compartir un hogar, pensé que serías menos fría conmigo, que me dejarías que viera el misterio de tus ojos.
Porque yo quiero verlos, para amar también esa parte de tu cuerpo. Porque al saber como eras me enamoré de tus palabras, de cada parte de tu cuerpo, de tu rostro y de tus labios. Pero no me dejaste ver tus ojos. ¡Hasta amo más tus antifaces que a tus ojos!
  Yo me había acercado a ella y tendía mi mano como si le suplicara.
  -Yo no puedo amar a nadie, Angelo.-contestó fríamente.-Yo solo puedo amar a una persona. Y no eres tú.
  Esas palabras cayeron sobre mí como una pesada losa de piedra. La furia empezó a cegarme.
  -¿A quién amas pues?-siseé.-¿A quién amas? Tu corazón es de frío mármol, tus sentimientos son como el filo de una espada... ¿A quién puedes amar?
  -Puedo amar.-afirmó ella.
  -Y yo puedo matarte.-la miré a los ojos.
  -Mátame.-y ella sonrió.

  Viola.
  Acaricié el rostro de mi marido, triste.  Podía adivinar su furia, su rabia y su decepción. Podía ver sus manos apretando mi cuello antes de que yo cayera en el abismo negro de la muerte.


 Angelo.
  El cuerpo de ella, cayó al suelo del salón sin aire. La recogí del suelo y la tumbé en la cama en el piso superior. Donde habíamos echo el amor primero y más tarde allí había nacido mi hija.
  Lloré largamente sobre su cuerpo, arrepintiéndome de haberla matado. De haber finalizado su vida.
  Acaricié su rostro blanco y su liso pelo negro.
  Tomé la pistola y la cargué.

Bruce. 
  -Deberías de ir a visitar a tu prima, hijo.-me dijo el señor Sartre.
  -Ella todavía no me ha mandado un telegrama para que vaya, sería de mala educación interrumpir en su casa.
  -Pues sal un poco, te veo nervioso.
  -Sí, quizás sea lo mejor, voy a ir al mercado.
  -Hasta la cena, Bruce.

 En la salida de la casa de los Sartre me esperaba el marido de mi prima. Con una pistola cargada, me indicó que entrara en el edificio de nuevo y en la entrada me descargó una bala en mi cerebro.

Angelo.
  Miré sin ver el cuerpo del señor Bruce y la sangre que corría por su rostro. Tiré el arma y me dirigí al despacho del señor Sartre.
  Él se sorprendió al verme llegar y con la mano salpicada de sangre.
  -¿Qué has hecho?
  -Cierre la boca, señor Sartre. He venido a que me conteste algunas preguntas.
¿Qué secreto guarda sus ojos?
  -¿Y mi hija?
  -Contésteme he dicho.
  -Mi hija es mestiza.
  -¿Qué quiere decir?
  -Mi hija tiene sangre oriental, es medio japonesa.-él cerró los ojos.-Yo nunca me casé, porque era atractivo y siempre atraía la mirada de las mujeres. Visité muchos lugares, nobles y ricos de todos los lados me invitaban a sus fiestas y mujeres de alta alcurnia me desvelaban los secretos que guardaba sus vestidos.
  -Así que me acosté con una, ya no recuerdo su nombre. Y ella me comunicó que estaba embarazada y que no podría mantenerla en su casa por miedo a su marido. Así que le hice la promesa de que me quedaría con ella hasta el nacimiento, y luego me la llevaría a Francia y viviría como una dama de alta sociedad. Ella me lo agradeció de corazón y tras nueve meses me entregó un bebé envuelto en sedas.
  -¿Por qué nunca desveló sus ojos?
  -Ella consideraba que era algo no propio de Francia. Cuando era niña todo el mundo la miraba y le hacía muchas preguntas. Poco a poco ella dejó de hablar con los niños menos con Bruce, y se tapaba siempre con una sábana en la cabeza cuando íbamos a las reuniones familiares.
"Todo el mundo se reía de ella, pero ella ya no quería ser como era. Se odiaba, se arañaba los párpados y lloraba todas las mañanas. Era espantoso."
  -¿Pero por qué no se casó con su primo si eran felices juntos? ¿Por qué si se amaban no se unieron en matrimonio?
   -Porque ellos son hermanos, y yo no les permitiría nunca casarse. Es algo que no puede hacerse.
  -¿Hermanos?
  -Bruce en realidad es mi hijo mayor bastardo. Cuando fui a la corte de  Inglaterra la reina Victoria se enamoró de mi. Se quedó embarazada. Lo único diferente entre Viola y entre Bruce, es que la reina aceptó al hijo como suyo y le dio tierras y un palacio donde poder vivir cuando fuera un poco más mayor. Pero de vez en cuando me lo mandaban por aquí.

 Cinco años después. 
 Angelo. 

  Calista me saludó con la mano, mientras yo pasaba por la pradera en caballo.  Las demás niñas siguieron jugando a coger más flores y hacer coronas de colores.
  La niña entre aquella mata de colores encontró una tumba de mármol blanco y acarició la piedra sonriendo.

                                  Viola Sartre.
                                A quién no la dejaron amar.


 




 

2 comentarios:

  1. Me hubiese gustado que la historia fuese un poco más larga y más intensa, pero admito que me ha impresionado bastante este final tan poco predecible. No me hubiese imaginado que en realidad Viola era medio japonesa. Y al final todos muertos... Pues mira, lo mejor que podría haber hecho es eso xD

    Un beso muy fuerte F.F. ^^

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  2. Funny Siempre sin dejarnos con las ganas pero al mismo tiempo queriendo mas. Me hubiera encantado algo mas de historia, pero este final tan impredecible tambien me ha gustado, aunque tambien fue oscuro y por un momento vimos porque fue Viola y que sucedia en realidad.

    Besos Funny :) espero sinceramente que no nos dejes con las ganas de estas maravillosas historias

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