Vuelo nocturno.

martes, 11 de diciembre de 2012

El día que me sentí viva.

  El día en el que me sentí verdaderamente viva fue el día en que pise la discoteca más grande del pueblo.
  Me vestí rápidamente en mi dormitorio, con un vestido negro de encajes y transparencias  tan ajustado que parte de mis pechos intentaron salir de su prisión, haciendo que mi escote pareciera pronunciado. Unos tacones rojos fuego salieron de mi ventana lanzados y tras ellos, con cuidado de no matarme, me deslicé por el tubo, pareciendo un bombero cuando hay fuego.
  Me calcé y me encaminé sola por los caminos oscuros y pedregosos hasta llegar al local. Y entré.
  Allí entre mis amigos, gente que no conocía y gente rara, empecé a bailar y sorprendida que mis pies y mi cadera se movieran bien, seguí haciéndome la loca.
  Y me sentí viva. Me sentí viva cuando el tanga me hizo daño bajo el vestido de tanto bailar; me sentí viva cuando mi boca saboreó el primer chupito de la noche y me sentí viva cuando los tacones me dañaron al bailar durante largo rato.
  No se si tuvo algo que ver mi vestido o no, pero una jauría de chicos se acercaron para observarme. Quizás eran imaginaciones mías, quizás no. Entonces el Deseo comenzó a intervenir en esa noche, y mis hormonas comenzaron a bailar también.
  Uno de ellos, un chico alto y con una sudadera verde ancha, se acercó hasta donde yo estaba y me tendió una mano con una sonrisa.
  Al aceptar, yo me colgué del cuello y sus manos envolvieron mis caderas.
  Bailamos toda la noche, y el perfume de nuestras hormonas mezcladas hicieron que nos volviéramos locos deseosos e irresponsables. Él acercó varias veces su rostro pero apenas su nariz rozaba con el mío yo apartaba la cara. Él sonreía y reía apegando más su cuerpo.
  Cuando mis pies amenazaban con derrumbarse y mis ojos explotar, me deshice de los brazos de Él y salí disparada hacia la salida. Allí más tranquila me quité mi calzado de mujer fatal y me encaminé cansada a mi casa.
  La ventana azul me esperaba. Trepé por el tubo y me desvestí sintiendo punzadas constantes en mis tobillos.
  Luego en voz baja casi susurrando murmuré:
  -Querido Dios, acabo de salir del Infierno.
  Sonreí y me puse el camisón blanco, me desmaquillé el rostro y escondí los tacones.
  -He estado con el Diablo.

  Al día siguiente con mucho sueño me encontré colgando de mi ventana una rosa blanca moteada con manchas rojas como la sangre. Eso me hizo sonreír.
  El mal y el bien debe de aparecer en tu vida. O quizás no existe ni el mal ni el bien. Pero podemos decir que quedan bien conjuntados como una rosa blanca moteada de manchas de color sangre.

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Hola, estuve varios meses ausentes pero ya vuelvo por aquí, quizás no escriba ni comente todos los días. Pero intentaré serles fiel chicas, comentando y leyendo.
Este texto se me ocurrió el otro día pero quizás, como intermedio a mi historia lo he publicado.
Un beso chicas.
F.F.

1 comentario:

  1. Aunque hayas interrumpido la historia, a mí me ha gustado mucho el texto. Lo he visto muy de mi estilo, incluso en la vida real xD Claro que eso lo hacía cuando tenía 15 años y mi madre creía que estaba viendo una película en casa de una amiga xD
    Ha estado muy bien :)
    Bienvenida de nuevo.

    Un beso ^^

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